Molino Marco

El Molino Marco, construido a principios del siglo XIX se encuentra en la actualidad deteriorado, pero aún se pueden apreciar restos de elementos característicos como la balsa, el caz o el cubo. Alrededor de este, además del canal de entrada del agua del río Tuéjar, perduran otros elementos de interés patrimonial como las pilastras de un puente del antiguo Camino Real del siglo XVIII.

En la sociedad industrial, los molinos eran uno de los elementos más importantes puesto que en ellos se desarrollaba la transformación del cereal en harina, componente fundamental en la dieta mediterránea tuejana a la par que también para la alimentación de algunos animales.

Fue en 1370, cuando Bonaventura de Arborea y Beatriz de Xérica y Arborea conceden la carta puebla a los nuevos repobladores cristianos cuando se reservaron el derecho de instalar molinos y cobrar por su uso. Pero con el fin del régimen señorial, el lucro por el uso del molino quedó demolido, suponiendo un importante auge de la actividad.

A mitad del siglo XIX Tuéjar contaba con tres molinos que servían a una población de aproximadamente 1.350 habitantes; el Molino Marco, el Molino del Tío Manolo o de Ródenas y el Molino Chiquico.

El aprovechamiento industrial del agua como fuerza motriz no se detuvo ahí, ya que en el siglo XX el Molino de la Luz, situado en la Fuente del Saz, se convirtió en la primera fuente de abastecimiento eléctrico a la población. También en Chelva el rio era aprovechado para mover la maquinaria de un batán dedicado a la producción de telas y paños. Además, junto al Molino Marco se pude apreciar restos de unos lavaderos de caolín (arcilla que se empleaba para la fabricación de cerámicas) que hasta los años 40 del siglo XX estuvieron en funcionamiento.

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