Iglesia parroquial

En el lado norte de la Plaza Mayor se encuentra la iglesia parroquial, construcción de la segunda mitad del siglo XVII, de estilo barroco, a la que se sube por una escalinata de piedra de ocho escalones. En el rellano que se forma al terminar éstos, está la puerta principal. Antes había otra lateral en el llamado callejón de la iglesia, que serviría para sacar a los difuntos, dado que el cementerio estaba en lo que hoy es casa consistorial.

iglesia.jpg (92769 bytes)La fachada del templo tiene de notable la portada, compuesta por dos columnas estriadas, con algunas molduras en las jambas, terminadas por capiteles que sostienen una cornisa, donde, a su vez, comienzan otras dos columnas que terminan en un arco de medio punto, que da origen a una hornacina donde antes había una imagen de la Virgen; sobre dicha hornacina un ventanal, y más arriba, una airosa espadaña con su campanil.

A la derecha está la hermosa y esbelta torre, de estilo neoclásico, que consta de tres cuerpos superpuestos: en el primero están los huecos que dan la luz a la escalera, el reloj actual que sustituyó al otro anterior, (se estrenó el día 8 de diciembre de 1.927 con ocasión de las fiestas mayores celebradas aquel año), y las cuatro campanas. El segundo, aquí llamado "los chorros", es una plataforma o azotea con un antepecho, del que sobresalen en los ángulos unas molduras de piedra acanaladas que tienen por objeto despedir hacia fuera el agua de la lluvia, y el tercero está compuesto por unas columnas que nacen en la plataforma del anterior, y dan origen a cuatro arcos para sostener el tejadillo sobre el que está la veleta, terminando todo el conjunto una hermosa cruz de hierro. Su altura total es de 35 metros.

Los nombres y las fechas de la inauguración de las campanas de la torre de la iglesia son: la mayor, María de la Concepción, 1.736; la mediana, San Joaquín, 1.739; de los dos campaniles que se perdieron en la guerra de 1.936, se ignora sus nombres y fechas.

La escalinata actual se construyó en el año 1.915 (también en este año se construyó la fuente del centro de la plaza, en la actualidad trasladada a la plaza del Maestro Villanueva).

En la base de la torre, y a una altura conveniente, había antiguamente un madero empotrado en la pared, a la que estaba sujeta una gran anilla de hierro, que servía para exponer a la vergüenza pública a los que cometían algún delito.

El interior del templo está formado por una gran nave con crucero, que tiene de superficie 35 por16 metros, y de altura 15 hasta el ábside, y otros 10 hasta el final. Por su forma, recuerda la influencia del estilo herreriano, pero por su ornamentación y demás detalles se puede considerar dentro del estilo llamado barroco valenciano, por la gran cantidad de molduras, dorados, angelitos y otros motivos ornamentales que con gran profusión adornan los ángulos del ábside y el basamento de la cornisa que corre a lo largo de toda la nave, en todos los sitios donde han sido susceptible de colocarlos, también en la bóveda, entre los arcos de techo, destacan unos grandes rosetones dorados.

La cornisa que corre a todo lo largo del templo está sostenida por una serie de angelitos, que en total suman treinta y cuatro, colocados de espaldas en actitud de sostenerla, que, unidos a otros adornos y molduras, resaltan su belleza. La luz se recibe por dos series de ventanales, nueve en la nave y ocho en el ábside, adornados con columnitas salomónicas, hojas de vid y otros motivos.

inmaculada.jpg (19858 bytes)El retablo del altar mayor antiguo tenía un mérito extraordinario, pues además de su grandiosidad, que cubría todo el frente, con una altura de catorce metros, estaba construido en madera maciza, tallada y dorada primorosamente. Constaba de tres cuerpos superpuestos: en el primero estaba el expositor y dos puertas laterales para pasar al interior, y subir a los otros cuerpos. En el segundo, en el centro, la imagen de Ntra. Sra. de los Angeles, a la que está dedicado el templo, y en los lados los apóstoles San Pedro y San Pablo, separados por dos series de grandes columnas salomónicas talladas en madera maciza, con diferentes adornos de hojas y frutos. El tercer cuerpo, presidido por el patriarca San José, otra serie de columnas, más pequeñas, y separando a otras dos imágenes, completándolo todo multitud de dorados, angelitos, cornisas y otros ornamentos.

Este magnífico retablo, se ignora (documentalmente) por quien se construyó, pero ha de suponerse que sería el mismo que unos años antes hizo el de la ermita de nuestra patrona, pues se sabe que unos años después construyó el de San Diego, y en la bendición de la campana mayor actuó de madrina su esposa, doña María Teresa Segura. Como esta ceremonia tuvo lugar unos años después, parece muy probable que fuese muestra de lo complacido que quedó el pueblo con el trabajo del artista. Si esto fue así, como se supone, sería su autor el escultor Domingo Cuevas. Este retablo se destruyó en la guerra civil de 1.936.

El retablo actual es de más modesta calidad artística, costeado totalmente por el municipio y construido en el año 1.947, su importe fue de 45.000 pesetas, más otras 5.000 de gastos de transporte y montaje.

También ocupa todo el frente y consta de tres cuerpos: en el primero está el expositor y el Sagrario; a los lados dos puertas para pasar al interior y subir a los otros; en el segundo, en el centro, la imagen de la Virgen de los Angeles, y en los lados, entre dos grupos de columnas salomónicas, los apóstoles San Pedro y San Pablo. En el tercero, San José y varios motivos ornamentales.

Todo el retablo está construido en madera tallada y dorada y parece estar inspirado en el antiguo, aunque no tiene su calidad artística. Todas las esculturas que lo decoran son de tamaño natural y están esculpidas en madera por la escultora Dª. Josefina Cuesta. Su importe fue el siguiente: la Virgen 22.000 pesetas; San Pedro y San Pablo, 20.000, y San José 6.000; transporte y colocación 2.000, total 50.000. Así que entre el retablo y las imágenes costaron 100.000 pesetas de la época.

Los altares laterales están dedicados siguiendo este orden: derecha entrando al templo, al patriarca San José (junto a este altar está la puerta por la que se sube al campanario), San Sebastián (en donde está la pila bautismal), Virgen del Rosario de Fátima y el Santísimo Cristo. Entre estos dos últimos estaba el púlpito.

sandiego.jpg (21499 bytes)A la izquierda: San Antonio Abad, Virgen del Carmen, San Diego de Alcalá, que es el patrón del pueblo, y la Inmaculada Concepción.

A continuación de los altares de la derecha, está la sacristía nueva, que tiene puerta a la nave y otra al altar, que está 1,30 metros sobre el piso. A la izquierda está la llamada sacristía vieja y la escalera para subir a donde estaba el órgano, y también al tejado. Frente al altar estaba el coro con una magnifica sillería de nogal de la misma época y estilo que el altar. También había un antiguo y pesado facistol, con unos grandes y antiguos libros litúrgicos de indudable mérito, desgraciadamente desaparecidos.

Este templo, antes tan hermoso, quedó completamente destrozado en su interior, a causa de la guerra civil, y hoy, gracias a las autoridades que se han sucedido, a los diversos párrocos, a los vecinos y, especialmente, al interés puesto por las autoridades en materia de cultura del Estado y de la Comunidad Autónoma, está completamente restaurado, con buen gusto artístico.

Antes de terminar la descripción del templo es interesante la noticia que, por su rareza y poco frecuente, merece ser conocida. En el mes de junio del año 1.883 cayó sobre el tejado un aerolito, parte del cual fue recogido y remitido al Obispo de Segorbe, donde se guardaba en el seminario.

Finalizada la descripción de la iglesia, seguidamente de detallan algunos datos históricos sobre la misma:

La primera piedra se colocó el día 1 de abril de 1.677, oficiando la solemne ceremonia D. Francisco Solaz, cura párroco de la villa, y se inauguró del día 8 de diciembre de 1.692, con toda solemnidad, por el entonces párroco D. Sebastián Urquía, que con la debida licencia del señor Obispo procedió a la solemne bendición con el ritual establecido en estos casos. Terminada ésta se celebró la primera misa, que fue rezada, y a continuación se trasladó, con toda solemnidad, a su Divina Majestad, desde la iglesia antigua. Tomaron parte en todos estos actos, además del clero parroquial, compuesto por el párroco y tres beneficiados, varios frailes del vecino convento de San Francisco, y otros sacerdotes de los pueblos vecinos, que con su presencia y colaboración quisieron dar más realce a la solemnidad del acto.

Después del traslado de la Virgen se celebró la primera misa solemne con sermón y, tras ello, una lucida procesión, que corrió todas las calles del pueblo, entre la alegría y el entusiasmo de aquellas buenas y sencillas gentes, que, después de muchos y grandes sacrificios, habían visto terminado dignamente su nuevo templo, uno de los mejores de la comarca.

Los fundadores de los tres beneficios de la parroquia fueron: uno, el matrimonio Pedro Herrero y Francisca Polo; otro, Diego Lorente y Angela Tarazón, y otro, el canónigo don Cristóbal de la Torre. Como estos beneficios se fundaban en favor de hijos del pueblo, cabe que fueran tuejanos los tres que actuaron en la solemne inauguración, pero sólo se conoce el nombre de uno de ellos: Don Alejandro Valencia.

Estos beneficios estaban dotados de fincas que producían lo suficiente para el decoroso sostenimiento de los beneficiados, y además la iglesia contaba con otras muy numerosas en regadío y secano; hoy sólo cuenta con la casa abadía y tres o cuatro hanegadas de huerta.

Aunque la iglesia estaba prácticamente terminada, aún faltaban cosas importantes, entre ellas, terminar la torre, colocar las campanas, el reloj, y otras menores, que años después se realizarían, a costa de grandes sacrificios.

Los gastos de la construcción, que fueron muy cuantiosos para aquel tiempo, fueron sufragados una parte por los vecinos y otra, con dinero que se tomó a censo en la villa de Landete, de la provincia de Cuenca, del fondo de las "Memorias Pías", fundadas por don Nicolás Peinado Valenzuela, en dicho pueblo.

Este censo se continuó pagando hasta el año 1.927, en que ambos ayuntamientos (Landete y Tuéjar) acordaron, mediante el pago de cierta cantidad, redimir definitivamente dicho gravamen. No se cuenta con el documento de la constitución por lo que no se puede conocer la cantidad que se tomó, pero en documento referente al mismo asunto, que dice: "En la villa de Tuéjar, a 7 de mayo de 1.848, ante los señores don José Aguilar, alcalde, y demás señores que componen el ayuntamiento, celebrando sesión ordinaria en la sala capitular, se presentó don Cesáreo Muñoz, vecino del lugar de Landete, con poderes autorizados por don Manuel José Almonacid, escribano público, otorgados por los patronos de las Memorias Pías, fundadas por don Nicolás Peinado Valenzuela, autorizándole para hacer la recaudación del censo que esta villa responde a dicha fundación. Habiéndose procedido a la liquidación de atrasos y corriente, hasta el año 1.847, se ha visto que esta villa adeuda la cantidad de dos mil reales.

Como quiera que en el acto se le entregan cuatrocientos, resulta un déficit de mil seiscientos reales, acordando que esta cantidad, se le satisfará, la mitad por la Virgen de Tejeda, y lo restante por la fiesta de Todos los Santos de este corriente año. Así lo han convenido unos y otro, obligándose a cumplirlo, firmando los que saben, y el señor Cesáreo. De todo lo cual certifico. Ante mí, Juan Vicente Ramada, Alcalde don José Aguilar; Comisionado, Cesáreo Muñoz."

El Sr. Peinado Valenzuela, sin duda, fue uno de los hombres de ciencia más destacados de su tiempo, pues una autoridad tan reconocida como el padre Feijoo, en su monumental obra "Teatro Crítico Universal", en el capítulo dedicado a las glorias de España, dice de él lo siguiente: "Don Nicolás Peinado Valenzuela, natural de la villa de Moya, matemático, ingeniero agudísimo y maestro principal de moneda, en el Real Ingeniero de Cuenca, inventó y perfeccionó una máquina, que con menos trabajo y menos obreros para su manejo y sin riesgo alguno para ellos, se logra tirar una cuarta parte más de plata."

También para la terminación de la torre tuvo necesidad de amprar dinero el pueblo, según se cita en acta de sesión que celebró el Ayuntamiento el día 28 de diciembre de 1.742: "También acordaron y determinaron que, hallándose pagadas todas las obligaciones precisas, todo cuanto dinero se halle en poder del Ayuntamiento, se le entregue a Martín Polo, vecino de Titaguas, a cuenta de las 600 libras que se le tomaron para la fábrica de la torre, y que a más del dinero que haya, se tomen de José Pérez de Pedro 150 libras, las que se han de volver de lo que se saque del vino de la villa, que debe Hipólito Rabanales, y lo que falte en trigo rojal y común reducido al dinero.

Y de los primeros efectos que tenga la villa se le lleven también para las otras 600 libras al dicho tío Martín, del cual se sacará carta de pago de lo que se le entregue, la cual determinación hicieron para desempeñar la Dehesa de la Sazadilla, propia de esta villa.

Esta determinación tomaron y firmaron los que saben, de lo que yo el escribano doy fe. Alcalde Josef Pérez, por mí y ante mí, Josef Tomás Barea".

Como puede verse por estos documentos los sacrificios que tuvieron que hacer aquellas buenas gentes fueron muchos, pero con fe y voluntad todo lo superaron, y si la torre, como parece, no pudo terminarse al mismo tiempo que la iglesia, no cedieron en su empeño hasta verla terminada, aunque para ello tuviesen que empeñar la dehesa de la Sazadilla, propiedad del municipio.

El autor de los planos de la iglesia, proyecto y dirección fue el arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel, discípulo y continuador del famoso Pérez Artigues. Nació en Cascante, pueblo de Navarra, pero hizo sus estudios en Valencia, casándose con una hija de su maestro, llamada Jesualda. Dentro de su profesión fue uno de los más conocidos de su tiempo, y junto con su Artigues, uno de los creadores del llamado estilo barroco valenciano, realizando importantes obras de este estilo en Valencia y pueblos de la región.

Según dice el historiador Carbonell, dejó D. Jaime, después de conquistado el reino de Valencia, entre mezquitas consagradas como iglesias y las fundadas de nuevo, cuatrocientas, todas dedicadas a Nuestra Señora de los Angeles, y a todas concedió inmunidad. También dice que, habiendo cumplido con las obligaciones de la religión y de la guerra, puso los fueros al Reino, más rigurosos que los de Aragón, y sólo disfrutaron del fuero aragonés los pueblos pertenecientes a señores aragoneses, los cuales, según Escolano, fueron los siguientes: Altura, Pina, Toro, Eslida, Zuera, Fanzara, Veo, Ahín, Castellmontant, Soto, Domeño, Tuéjar, Sinarcas, Loriguilla y Planes.

La iglesia de Tuéjar quedó dependiente del obispo de Valencia. Después por diferentes razones y en distintas ocasiones, pasó al de Segorbe y de éste al de Valencia.

En los primeros tiempos, la iglesia estaba regida por un becario perpetuo, pero pronto tuvo su propio rector y los tres beneficios mencionados antes, y como estos beneficios se fundaban para que los ocuparan hijos del pueblo, siempre había dos o tres sacerdotes nacidos en la villa.

Por el año 1.302, siendo obispo de Segorbe D. Antonio Muñoz, promovió pleito al obispo de Valencia, sobre los derechos que creían tener con relación a las iglesias de Tuéjar y otras de la comarca. Para defender más sus derechos fue a Aviñón donde se encontraba el pontífice, presentándole su reclamación. Este pleito, como tenía cierta importancia, tardó bastante tiempo en solucionarse, hasta que su sucesor, el obispo D. Sancho, obtuvo sentencia a su favor, por lo cual pasaron al obispo de Segorbe nuestra iglesia y otras, tanto de la comarca como fuera de ella. Esto sucedía en el año 1.347, y así continuaron hasta que bastantes años después pasaron a Valencia.

En el año 1.357 el obispo don Elías, sucesor de don Sancho, a estas nuevas iglesias incorporadas a su obispado, les quitó parte de los diezmos y primicias, y los aplicó a los beneficios de la catedral de Segorbe. Algunos años más tarde, siendo obispo don Iñigo de Valterra, reclamó sobre estos diezmos doña Buenaventura de Arborea, viuda de don Pedro de Jérica, en calidad de tutora y administradora de sus hijas, a las que pertenecía Tuéjar. No se sabe el resultado de estas gestiones, pero sí que en el año 1.400 el nuevo obispo don Francisco Renier consignó para la iglesia de Tuéjar, además del pie de altar, 25 libras.

Todos esto, según dice el historiador Villagrasa, fue confirmado por el papa Benedicto XIII, por bula despachada en Marsella, el segundo año de su pontificado. Así continuó esta iglesia hasta que en el año 1.565 fue convertida en rectoría, sacando el cabildo de Segorbe la mitad de los beneficios, y de la otra mitad, parte para Tuéjar. Esto fue confirmado por el papa Gregorio XIII, en 1.577.

Finalmente, mencionar una costumbre actualmente desaparecida: Todos los años, el tercer día de Pascua salía de la parroquia una procesión con el clero, autoridades y numerosos fieles con destino al Calvario del cercano convento de San Francisco. Entonces salían los frailes en procesión a recibirlos y todos juntos entraban en la iglesia donde se celebraba, con gran solemnidad, una función religiosa, con misa y procesión, por el claustro. Después seguía la procesión por el huerto hasta el Calvario, donde se despedía a los de Tuéjar.

La iglesia parroquial de Nuestra Sra. de los Angeles de Tuéjar fue declarada monumento histórico-artístico de carácter nacional por el Consejo de Ministros (Boletín Oficial del Estado de 26 de enero de 1.983).







Fuente:GVA





 

Formulario de búsqueda

Lu Ma Mi Ju Vi Do
1
 
2
 
3
 
4
 
5
 
6
 
7
 
8
 
9
 
10
 
11
 
12
 
13
 
14
 
15
 
16
 
17
 
18
 
19
 
20
 
21
 
22
 
23
 
24
 
25
 
26
 
27
 
28
 
29
 
30
 
31