Historia

Aunque no es posible situar en el tiempo de una forma exacta el origen de esta población, está claro, según se desprende de los restos arqueológicos hallados por doquier, que por esta tierra han pasado todo tipo de pueblos o civilizaciones: Se han encontrado desde hachas de sílex hasta restos ibéricos, monedas romanas, cerámica árabe, etc... Podría decirse, si nos atenemos a los más antiguos vestigios descubiertos, que Tuéjar data de la Edad del Bronce.

Con esta misiva que sigue, es cuando Tuéjar adquirirá su condición como pueblo mediante el posterior otorgamiento de su Carta Puebla por la viuda de Pedro de Jérica, señor feudal de estos territorios:

CARTA DE PEDRO, REY DE ARAGÓN, VALENCIA, MALLORCA, CERDEÑA Y CÓRCEGA, CONDE DE BARCELONA, DEL ROSELLÓN Y CERDAÑA, A DOÑA BUENAVENTURA DE ARBOREA, ESPOSA DE DON PEDRO DE JÉRICA.

"Pedro por la gracia de Dios Rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y Córcega y Conde de Barcelona, del Rosellón y Cerdaña; a nuestra noble y querida Buenaventura de Arborea, esposa del noble en otro tiempo Pedro de Xérica, salud y cariño. Como según ha llegado recientemente a nuestros oídos, vos, empeñada en la repoblación de los castillos y lugares del río, queréis poner en ellos o enviar moros, sabiendo vos de antemano que dichos lugares, por mandato nuestro, fueron poco ha despoblados y vaciados de moros, por los nefandos crímenes, tanto de lesa majestad como otros que allí mismo se cometían por los moros que allí entonces los poblaban, frecuentemente hemos proveído que los castillos y lugares del dicho río se pueblen de cristianos y se mantengan los lugares de Chelva y Tuexa y los castillos y fortalezas de los mismos, tanto para aumento de la fe católica como para utilidad de la República del Reino de Valencia, y tanto más porque los referidos castillos están situados en la frontera del Reino de Castilla, por lo cual os decimos y mandamos que dichos lugares y castillos de Chelva y de Tuexa los pobléis con cristianos, al menos donde subsisten sus muros y fortalezas, cuando nos de ciencia cierta por las predichas causas lo proveamos y queramos.

Mas si quisiéreis colocar en los mismos lugares algunos sarracenos, los pongáis y pobléis en los arrabales y extramuros de los dichos lugares de Chelva y Tuexa, y esto de ningún modo lo contravengáis, si queréis evitar mi ira e indignación. Dado en Tarragona en el día 23 de abril del año de la Natividad del Señor 1370.

Firmado Pedro Rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y Córcega, Conde de Barcelona, del Rosellón y Cerdeña."

SEÑORES QUE LO FUERON A PARTIR DEL AÑO 1.272 EN QUE EL REY DON JAIME EL CONQUISTADOR DEJÓ EN FEUDO EL ESTADO A SU HIJO NATURAL DON JAIME DE JÉRICA.

Conquistada Valencia en 1.238 y quedando acampados varios moros en pueblos del sector N.O. de la provincia, en 1.252 dióse la orden de expulsión de los muslines. En vista de ello Al-Adrach o Azadrac envió embajadores al rey para disuadirle de la orden de expulsión, acompañándole en la demanda pobladores cristianos de estos pueblos; demanda que fue denegada por el rey Don Jaime I y por lo que dicho Al-Adrach alzóse en armas en contra del mismo en el año 1.251 y fundamento por el que se organizó un cuerpo de ejército que después de someter a Serra, Náquera y otros pueblos de la parte alta de Sagunto, fue a sojuzgar Alcublas, Andilla, Alpuente, Chelva, Chulilla y otros, haciéndose cumplir la orden por la fuerza de las armas.

Terminada la reconquista Don Jaime I repartió su territorio entre sus hijos y guerreros más distinguidos que le acompañaban, según testamento otorgado ante D. Simón San Fenicio, en Montpellier el día 7 de las calendas, 3 de septiembre de 1.272, habiendo reinado 62 años, 10 meses y 15 días, y fallecido en 1.276, a los 72 años de edad.

Efectuado el reparto de bienes, dejó a su hijo natural Jaime, en feudo, las villas de Jérica y Toro, Eslida, Bes, Aín, Sueza, Fauzana y otras, agregando, además, a este estado el de este Valle, constituido por los pueblos de Chelva, Tuéjar, Calles, Domeño, y Loriguilla, y Sinarcas con Benagéber como alquería, con la condición de que si muriera dicho hijo antes que su otro hermano natural (estos se distinguieron de las otras ramas de hermanos por el sobrenombre de Jérica), por derecho de sustitución le heredase sus estados y viceversa, y extinguida la rama, volviese este estado al patrimonio real, según testamento antes mencionado.

A partir de estos momentos se reconoce como señor de estos estados a Jaime I de Jérica.

Casóse este D. Jaime con Dª. Elsa Alvarez Azagra, de cuyo matrimonio tuvieron a Jaime II de Jérica, al cual dejó heredero de estos estados después de haberlos gobernado 29 años.

Don Jaime II de Jérica recibió de D. Pedro López de Riosa, notario, el 2 de junio de 1.284, testamento por el que quedó heredero de este estado. Casó con Dª. Beatriz Lloria, hija del almirante Roger Lloria, habiéndolos poseído 37 años, dejando a su muerte por testamento otorgado ante el notario D. Juan de Comas, el 16 de agosto de 1.321, a su hijo Jaime III de Jérica.

Jaime III de Jérica tuvo tres hijos, que fueron: Jaime IV de Jérica, Juan Alfonso de Jérica y Pedro de Jérica. Por haber muerto el primero antes de posesionarse de los estados, sucedióle en éstos dicho Juan Alfonso.

Don Juan Alfonso de Jérica aumentó sus posesiones con varias poblaciones más, fue enemigo de los moros y los echó de sus estados. No se sabe con quién se casó y sí sólo que murió sin hijos, por lo que le sucedió su hermano Pedro, fallecido en 1.372 y en su representación su hija Beatriz, por agotamiento de la rama varonil de esta descendencia.

Don Pedro de Jérica casó en Valencia en 1.331 con Dª. Buenaventura de Arborea, hija de D. Hugo Juez de Arborea, asistiendo a la boda el rey Don Pedro IV de Aragón, y, según Zurita, se hicieron grandes fiestas. Murió sin dejar hijos varones y sí dos hijas, la mayor de las cuales, Beatriz de Jérica, heredó estos estados actuando de tutora, curadora, usufructuaria y administradora de los mismos su madre, Buenaventura de Arborea, según testamento hecho en el Real del Rey, situado en la rambla de Valencia, el 2 de octubre de 1.371.

Escolano y Viciano no están de acuerdo en cuanto a la sucesión hereditaria, pues mientras el primero sostiene que desde Jaime I de Jérica, se conservó la descendencia hereditaria hasta Juan Alfonso, que falleció sin hijos en 1.379, en que hace éste el último de la casa, Martín Viciano, en cambio en la tercera parte del título Jérica, no hace mención de Juan Alfonso, y termina diciendo que Jaime III de Jérica, tuvo con Beatriz de Lloria a Pedro de Jérica, a quien pasó todo el estado y que por fallecimiento de dicho D. Pedro, sin sucesión varonil legítima, volvió a incorporarse todos los estados a la Corona, por el vínculo del rey Don Jaime el Conquistador.

No obstante, bien entendida la sucesión el dominio de los estados, vienen a concordar ambos autores, pues si bien Juan Alfonso fue el último en la sucesión de padre a hijos, Pedro de Jérica lo fue del heredamiento de varones, tanto por línea recta como por línea transversal.

Independientemente de todo lo expuesto, parece estar más en lo cierto Escolano, pues queda comprobado que a Jaime III de Jérica le sucedió su hijo Juan Alfonso, por fallecimiento de su otro hermano Jaime IV, antes de posesionarse de estos estados, siendo el último de esta rama, que por sucesión hereditaria varonil lo poseyó.

También parece comprobado haber error en las manifestaciones de Viciano, en cuanto a la sucesión de Jaime III a Pedro de Jérica, descendiente habido de su matrimonio con Beatriz Lloria, siendo así que esta señora con quien estuvo casada fue con Jaime II de Jérica, y por tanto no es la madre sino la abuela de Pedro de Jérica y ésta descendiente en tercer lugar del hijo de aquéllos Jaime III.

Extinguida esta rama varonil en D. Juan Alfonso y habiéndole premuerto su hermano Pedro de Xérica, en acción de guerra habida contra los moros en 1.372 al servicio del rey de Castilla, no quedando en la misma otros herederos que las dos hijas del mismo, pasando el estado a Beatriz, hija mayor de Pedro de Jérica y en su nombre y por su menor edad su madre Buenaventura de Arborea, usufructuaria de todos los bienes y tutora y curadora de su hija Beatriz, heredera universal de su padre. Gobernando dicha señora, arranca la fundación de los pueblos de este estado concediendo los derechos e imponiéndoles obligaciones, que constan en las cartas pueblas que se dieron al efecto, quedando aquí extinguida la rama después de 114 años de gobierno de los mismos. Doña Buenaventura, en su condición tutelar de su hija menor Beatriz, parece ser o bien porque veía que estos estados volvían a incorporarse a la Corona conforme al testamento de Don Jaime I el Conquistador o bien por alimentos de su hija ya referida o en recuperación o pagamiento de su dote, o por donación de nuevo hecha por el rey Pedro IV de Aragón a sus sobrinas, vendió el estado con sus castillos a Ramón de Vilanova, por el año 1.380, en 26.000 libras, las que había ganado sirviendo a S.M. y cuya suma fue depositada en la Tabla de Valencia. Compró sólo lo civil, pero no la jurisdicción criminal.

Don Ramón de Vilanova, señor que era de Villanueva, caballero del tiempo del rey Alonso III y Pedro IV de Aragón e hijo segundo de aquel gran Vidal de Vilanova, comendador mayor de Montalván y camarero del rey, casado con Dª. Elvira Monteagudo, señora de Alcudia. Habiendo servido a los reyes con muchas ventajas, por lo cual le hicieron grandes mercedes bien particular el rey Don Pedro, que en 1.370 le hizo donación de la villa y castillo de Castalla, y después parece que se ignora con qué fundamento y derecho en 1.375, por un hijo del procurador del conde de las Ampurias o bien donación libre o comprado, alcanzó entre ambas jurisdicciones este estado, poseyéndolo cinco o seis años.

Sucedióle en la gobernación su descendiente Pedro Ladrón de Vilanova, habiéndose juntado en él el señorío de Castalla, y el de Manzanera; casado con Violante Voil y alcanzando el título de primer vizconde de Chelva, concedido por el rey Don Juan I en 1.390. Fue el fundador del convento de San Francisco de Chelva. Tuvo un hijo, llamado Ramón de Vilanova, y al casarse con Elvira Pallás, su padre le hizo donación del vizcondado de Chelva en 1.412.

Don Ramón Ladrón de Vilanova, casado con Elvira Pallás, hija de D. Jaime Roger Pallás, de la casa de los condes de Pallás, tuvieron por hijos a Roger, primogénito, a Jaime y a Baltasar. Murió el primero y estos estados los heredó su hermano Jaime, y a Baltasar le dejó Castalla. Don Baltasar tuvo un hijo, llamado Ramón de Castalla, el cual acrecentó mucho su casa, con el estado de Maza, por donación que le hizo Doña Brianza Maza, hermana del último señor por línea masculina y también agregó la baronía de Parcent y Torre de Espioca, que compró Ramón de Castalla; de su mujer Doña Luisa tuvo un hijo, Baltasar Ladrón de Vilanova, que casó con Francisca Mendoza, hija del marqués de Mondéjar y primer duque de Mandas. Don Ramón Ladrón de Vilanova, segundo vizconde de Chelva, poseyó este estado 27 años, y a su muerte le sucedió en el mismo su hijo D. Roger Ladrón de Pallás.

De Roger Ladrón y Pallás no se dice con quién se casó, pero sí que murío sin sucesión, por lo que le sucedió en el estado su hermano Jaime después de haberlo poseído unos 30 años.

Don Jaime Ladrón y Pallás, cuarto vizconde, casó dos veces; la primera con Dª. Sigilina Ariño, de la cual tuvo a Pedro Ladrón y Pallás y a Luis Pallás de Vilanova. En segundas nupcias casó con Dª. Catalina, según unos, y según otros, con Dª. Angela de Centelles y Pallás, de la cual tuvo a Jaime Ladrón y Pallás, teniendo ya el padre 80 años. Este último hijo es el que casó con Isabel Bonet, de la cual tuvo a Francisco, que después murió violentamente. Murió Jaime Ladrón y Pallás y le sucedió su hijo D. Pedro. Se entabló el pleito sobre derechos del estado con Mariana de Blasco, recayendo sentencia a favor de otro D. Francisco, hijo de Jaime Pallás y de Isabel Bonet y nieto del vizconde D. Jaime, pero con la condición de que no podía casarse por ser tenido antes del matrimonio, aunque después legitimado.

Don Pedro Ladrón y Pallás, primogénito del cuarto vizconde de Chelva, alcanzó del rey Don Juan II llamarse Egregio, y sus sucesores, por carta de Monzón de 21 de agosto de 1.470. No se dice con quién se casó, pero sí que tuvo dos hijos llamados Pedro y Francisco. Por muerte del primogénito Pedro heredó estos estados D. Francisco.

Don Francisco Ladrón y Pallás, sexto vizconde, casó con Dª. Inés de Manrique, de la casa de los López de Cuenca. Vivieron con la mayor ostentación que pudo ningún príncipe grande, repartiendo todos los oficios de su casa entre sus parientes pobres, que a todos transportaron a Chelva con sus familias. No tuvieron sucesión y murió el 6 de marzo de 1.575. Hubo pleito en la sucesión y dióse sentencia en favor de otro D. Francisco, hijo de Jaime Pallás y de Isabel Bonet y nieto del vizconde D. Jaime, pero con condición de que no podía casarse por ser tenido antes del matrimonio, aunque después lo legitimaron para que de esta suerte volviera en vínculo a los legítimos herederos.

Don Francisco Ladrón y Pallás II, murió de un arcabuzazo y puñaladas el 1 de octubre de 1.584 a manos de cuatro moros que le aguardaban emboscados en la peña Blanca, a mitad del camino de Chelva a Benajuay. Se dice que a consecuencia de los amores y arrojamientos que tenía con una mora vasalla suya.

Don Pedro Ladrón y Pallás II, hijo de Jaime Ladrón y Pallás y de Isabel Bonet y hermano del anterior, le sucedió en el vizcondado. Casó con Dª. Leonor Pouz, de cuyo matrimonio nació Jaime Ceferino Ladrón, que le sucedió a la vez en el mismo. En Chelva fallecieron el 22 de enero de 1.614 Dª.Leonor Pouz, y el 28 de septiembre de 1.572 Dª. Isabel Bonet. Don Jaime Ceferino Ladrón y Pallás, hijo de los anteriores, le sucedió en el estado. Casó con Francisca Ferrer hermana del gobernador de Valencia, y tuvieron a D. Juan Ramón y Pallás, que le reemplazó, muriendo en San Lorenzo de El Escorial el 6 de diciembre de 1.617. A éste, Don Felipe III le dio el título de conde de Sinarcas en el año 1.599.

Don Juan Ladrón y Pallás, hijo del anterior, casado con Mariana Velasco Ibarra, de cuyo matrimonio nacieron D. Gaspar Ladrón y Dª. Francisca. El primero le sucedió en el Estado y la última casó con Gimeno Pérez de Calatayud, conde del Real. Poseyó el estado 14 años y murió el 10 de mayo de 1.631, en una masada de Castilla en el término de Volinches, caminando hacia Madrid y llamado por el rey Felipe IV.

Dª. Mariana Velasco Ibarra, hija del marqués de Salinas y viuda del anterior, quedó gobernando estos estados durante la menor edad de su hijo Gaspar, y teniendo la edad necesaria para el matrimonio lo llevó a efecto con Maria de Silva, hija del marqués de Orán, encargándose del estado como señora tenutaria, tutora y curadora de su hijo Gaspar Ladrón durante la menor edad de éste.

Don Gaspar Ladrón y Pallás, hijo de D. Juan Ladrón y de Dª. Mariana Velasco, casó en 1.644 con Dª. María de Silva, hija del marqués de Orán y duquesa que fue después de Villahermosa, de cuyo matrimonio tuvieron dos hijos, que son la egregia Dª. Mariana Ladrón, que nació en Madrid en el año 1.650, y Dª. Lucrecia Ladrón, nacida en Chelva el 10 de mayo de 1.654. Murió D. Gaspar sin sucesión varonil el 7 de febrero de 1.655, encargándose de estos estados su hija Dª. Mariana, pero gobernando su abuela por su nieta.

Doña Mariana Velasco Ibarra, tuvo sentencia real a favor de su nieta, dada en la Real Audiencia de Valencia, según auto de publicación y mandamiento de 14 de abril de 1.655, contra Francisco Ladrón de Vilanova. Murió Dª. Mariana el 10 de julio de 1.668 siendo señora de honor de la reina y aya del príncipe.

Doña Mariana Ladrón y Pallás, hija del conde D. Gaspar y Dª. Mariana de Silva, menina de la reina Doña María de Austria, que poseía estos estados desde la muerte de su padre, casó con D. Juan de Palafex, hijo primogénito del marqués de Ariza, a los que por servicios de dicha egregia señora, les concedió el rey Don Felipe IV sobre los títulos de vizconde de Chelva y conde de Sinarcas, el de marqués de Sot de Soneja. Por muerte de D. Juan de Palafox, casó en segundas nupcias con D. Antonio Colona, conde de Anna y primogénito de los condes de Elda, la cual, a virtud de la posesión que tenía de estos estados y como heredera de su abuela, siendo menor se declaró le competía el beneficio de la restitución en íntegro, contra la sentencia que el Supremo de Aragón obtuvo en favor de Don Francisco Ladrón de Vilanova.

Hubo después pretendientes de este estado: la ilustre Dª. Mariana Ladrón y Silva, condesa de Anna, marquesa de Sot y Navarrés. La egregia Dª. Angela Ladrón de Vilanova; el egregio D. Gimeno Pérez de Calatayud, conde del Real y Villamonte; el egregio D. Luis Marrades y vizconde de Sañen; el ilustrísimo D. Pimental, marqués de Tarragona, y el ilustrísimo y reverendísimo D. Francisco de Rojas, obispo de Murcia y Cartagena.

Después de resuelto el pleito, parece ser que quedaron gobeándolo como señores del estado el duque de Lécema, marqués del Real y Almenara, de la casa del duque de Villahermosa, habiendo menudeado por este tiempo las demandas sobre el derecho del señorío entre las diferentes ramas que se consideraban con bases para reclamarlo con resolución alterna para unos y otros, e incluso los pueblos del estado se revelaban contra el poder abusivo de los señores, resistiéndose en algunas ocasiones a reconocerles como tales y rendirles el homenaje y pleitesía que era norma en aquellos tiempos, como aconteció, entre otros, con los Zarzuelas en Jérica, y formular reclamaciones distintas y demandas de incorporación del estado a la Corona, la que dió lugar a la Real y Suprema sentencia dictada a favor y conforme a lo solicitado por Jérica, de 23 de octubre de 1.479, de incorporación del estado.

Después y siendo el señor el conde de Real y Almenara, de la casa Villahermosa, por el año 1.758, también Tuéjar formula sus demandas, parte de las cuales se verán en la narración de privilegios y otros derechos, hasta que el 20 de abril de 1.773, en que definitivamente se incorporó el estado a la Corona, con reserva de determinados derechos dominicales a favor del duque de Villahermosa, quien agobiado por los continuos incidentes y cuestiones que surgían con los vasallos, y después de algunas entrevistas con representaciones de todos estos pueblos del vizcondado, se llevó a efecto definitivamente la cesión de los derechos dominicales, que el duque de Villahermosa sostenía le correspondían, cesión previa la relación de lo que debía de pagar cada uno de los pueblos del vizcondado llevada a efecto el 11 de septiembre de 1.865, mediante convenio habido entre este pueblo y el mencionado duque de Villahermosa.

PRIVILEGIOS.

Después de la reconquista el rey Don Jaime I dictó sus leyes y fueros, concediendo ciertas exenciones o privilegios a varios de los estados, entre otras los instituidos a favor de su hijo natural Jaime de Jérica (donación confirmada después de su último testamento) con sus anexos de Chelva, Tuéjar, Domeño, Sinarcas, Benagéber, Calles y Loriguilla, por lo que se determinó que dicha donación en feudo se transmitiera en línea directa descendente varonil y si se cortase ésta, se incorporaran al que fuese rey de Aragón y Valencia, declarando sea válido en todos los tiempos por nos y nuestros sucesores cualquiera, declarando y decretando que los lugares citados y los castillos de su tenencia con todas y cada una de sus alquerias, masías, casas, torres, fortalezas, edificios, términos y territorios de los mismos y con los feudos de dominio directo y con los feudatarios, vasallos, soldados y propietarios, hombres o mujeres, tanto cristianos y judíos como sarracenos, y con toda la jurisdicción civil y criminal alta y baja por mano y mis dominios y todos los demás singulares derechos y pertenencias, especificados superiormente son reales y tanto a ello como a todas sus tenencias los agregamos, añadimos, unimos e incorporamos al Rey y su Corona, comprometiendo por sí y sus sucesores a no enajenarlos jamás todos y parte de dichos bienes, ni enfeudarlos, alquilarlos, arrendarlos, lo que confirma con juramento hecho tocando los Evangelios, y si lo que no se espera por él algunos de sus sucesores se vendiese o enajenase o se dieran feudos o dé cualquier otra forma o derechos, sea nulo todo lo que se actúe, de ningún valor en cuanto se oponga a lo prometido y jurado.

También por el valor, heroísmo y lealtad de estos habitantes, se les concedió el privilegio de no poder ser sojuzgados ni ellos ni sus familiares, criados y allegados sino con las mismas excepciones que los ricos hombres, caballeros e infanzones del reino de Valencia y por un Justicia general que en el reino de Valencia nombraba su Majestad para que conociese los pleitos y apelaciones de todos ellos, como pueblos sometidos al reino de Aragón.

También estaban en estos pueblos exentos del pago del derecho del peaje, montaje, mesuraje, almonedaje, peso, paso, pasaje, rebaje, carniceraje, herbaje, trabujase, mojarafuet, o de cualquier otro con cualquier nombre designado en todos los reinos, tierras y señoríos del rey de España.

Privilegios concedidos además del rey Don Jaime en Valencia, 14 de las calendas de diciembre de 1.260, ratificado por el rey Don Pedro IV, por privilegio dado en Daroca, 4 de las calendas de noviembre de 1.337, y confirmado por el rey Don Alonso en Murviedro, a 10 días del mes de noviembre del año 1.428.

OTROS DERECHOS

En virtud del reparto de bienes por el rey Don Jaime el Conquistador, expuesto en testamento otorgado ante D. Simón de San Fenicio el día 7 de las calendas, 3 de septiembre de 1.272, como ya se ha expresado, dejó a su hijo natural Jaime I de Jérica, entre otros, en concepto de feudo, los pueblos del Valle, anteriormente citados, con auto de donación que pasó en la villa de Jérica, el 3 de septiembre de 1.255, y otro que hizo en Valencia en abril de 1.271, que se guarda en el archivo general de dicha ciudad, transmitiéndose con sucesión hereditaria en línea recta varonil durante 114 años, en que fallecido el último descendiente de esta rama, Juan Alonso, volviendo estos estados al patrimonio real, de acuerdo con lo dispuesto en el testamento de dicho rey Don Jaime I el Conquistador.

También Jaime de Jérica, primero instituido en el testamento de Don Jaime I el Conquistador, que pasó ante D. Juan de Conca, notario, el 16 de agosto de 1.321, ratificando las donaciones y en las mismas condiciones lo dejó a su hijo Jaime II de Jérica, según Escolano, libro octavo, capítulo 22, núm. 1, con pacto de reversión en caso de agotarse la rama.

Extinguida así la descendencia varonil y habiéndole premuerto en acción de guerra habida contra los moros, al servicio del rey de Castilla en 1.262, el hermano más joven, Pedro de Jérica, no quedaron otros herederos por línea directa descendente, que las dos hijas del mismo. Ocupando después el estado y actuando de tutora, curadora, usufructuaria y administradora del mismo Doña Buenaventura de Arborea, en representación de su hija mayor Doña Beatriz como sucesora de su padre, según testamento hecho en el Real del Rey situado en la rambla de Valencia el 2 de octubre de 1.371.

Ocupado así el Estado y encontrándose al frente del mismo dicha Buenaventura de Arborea, el rey Pedro IV dispuso se otorgase, el 26 de abril de 1.370, la correspondiente carta puebla y que se expulsaran a los moros de este territorio, y en su lugar se instalaran en este pueblo 60 familias de cristianos, carta puebla que fue otorgada por dicha señora en el castillo de Eslida el martes, 7 días del mes de mayo de la Natividad de Nuestro Señor, año 1.370.

Con los privilegios concedidos, la carta puebla otorgada y reparto de casas, tierras y demás entre los pobladores allí instalados, empezó a funcionar la comunidad en dicho lugar en su calidad de humildes vasallos bajo el señorío de dicha Buenaventura de Arborea e incorporado este estado a la Corona, conforme el testamento del rey Jaime I, Don Pedro IV, lo concedió en feudo al infante D. Martín con todos sus anexos lugares y castillos y con auto que pasó ante D. Juan Conca el 6 de julio de 1.372, donación que se hizo con pacto expreso que si D. Martín llegase a reinar, automáticamente quedasen estos estados incorporados a la Corona.

Llegó a reinar el infante D. Martín, y con el Real Privilegio dado en Valencia el 11 de junio de 1.404, siguiendo la voluntad del rey su padre, quedaron estas villas incorporadas a la Corona a suplicación de los brazos reales de Valencia y declaró, por privilegio dado el 11 de julio de 1.404, quería se comprendiese en el Fuero de Aragón de 1.336 y tuviera fuerza de Fuero, confirmado además por dicho rey.

No obstante, y a pesar de la donación expresada, aparece después por auto que pasan ante el notario D. Auxias Martínez, el 23 de diciembre de 1.385, el procurador del curador del señor conde de Ampurias, se vendieron en esta villa y además del cuartel de Chelva y Sinarcas sin autorización de la Corona y este instrumento de venta, además de estar otorgado por personas ilegítimas, fue firmado en tiempos que estos bienes estaban en poder del infante D. Martín, a cuyo favor hizo donación el rey Pedro IV, el 6 de junio de 1.372, según se expresa, aparte de que esta venta efectuada por dicho curador a favor de D. Pedro Ladrón de Vilanova, señor de Manzanera, parece adolecer de título inválido, porque el que la enajenó no podía tener derecho a estos lugares cuando estaban transportados al infante D. Martín desde el año 1.372, con el pacto de reversión a la Corona, y constando de principio vicioso y título inválido es ineficaz la prescripción, a más de considerarse como bienes de realengo, impugnándose dicha venta por la vía de Jérica, como cabeza del estado, con coadyuvancia del real fisco y haciendo la correspondiente declaración a favor de la demanda de Jérica, por sentencia dictada el 23 de octubre de 1579, además reputándose como vínculo y mayorazgo perpetuo por falta de la descendencia en que se fundaba la reversión a la Corona, pues aunque estos estados estuvieron confiscados como consecuencia de la guerra entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón, ganados de nuevo e incorporados a Aragón por D. Juan Alonso en 1.364 nuevamente por el rey Pedro IV hizo donación de los mismos a dicho D. Juan Alonso de Jérica, con auto que pasó ante Jaime Conesa, secretario del rey y notario de la villa de Liria, el 29 de junio de 1.364, tomando posesión del mismo por auto que pasó ante García Martínez del Castellar el 19 de abril de 1.366, por las cláusulas y condiciones que anteriormente constan de sucesión hereditaria dentro de la rama y reversión a la Corona en caso de acabarse ésta, no pudiendo invocarse en estas y otras alternativas que ha sufrido el dominio de todos ellos, la prescripción por considerarse además de bienes de mayorazgo, con mayor motivo el estar unidos a la Corona y considerados como de realengo.

Y aunque por el transcurso del tiempo y ocupado este estado por varios señores territoriales expresados anteriormente, después de extinguida la rama descendente de Don Jaime I el Conquistador, parece por las protestas, reclamaciones y demandas de los pueblos denotase la existencia de abusos contra el derecho de los humildes vasallos, y que si fueron toleradas en el transcurso del tiempo por la sumisión e ignorancia de éstos, despertando al poco tiempo del letargo en que se desenvolvían. Esta réplica tiene la satisfacción en la sentencia de Jérica anteriormente citada, en donde se declara que el privilegio de incorporación es a favor del rey, el que si no puede ser perjudicado por el interés aislado de los pueblos, menos puede serlo el derecho de S.M. ni aun está el de las villas, porque los pasados no pudieron perjudicar a los presentes y los venideros mayormente ignorando los derechos que tenían por lo que al paso del tiempo y al calor de la evolución habida durante tantos años fueron reaccionando los pueblos, saliendo en defensa de sus derechos, presentando su demanda en forma a partir del siglo XVII y XVIII, como se demuestra, entre otras, con la que acompañada de un brillante informe, autorizado por cinco notables doctores en derecho, Garcerán Volado, Juan Bautista Llosá, Juan Bautista López de Perona, Nicolás Bas y Martín Bolia Ferrer, en Valencia, 24 de enero de 1.684, se presentó por los consejos y vecinos de las villas de Chelva, Tuéjar, Sinarcas y lugares de Benagéber, Calles, Loriguilla y Domeño ante el Real Consejo de Castilla el 14 de marzo de 1.758, en demanda de incorporación a la Corona de los pueblos que constituían el vizcondado, Llevándose a efecto ésta en 20 de abril de 1.773, en que definitivamente son incorporados con reserva de determinados derechos a favor del conde del Real y de Almenara, de la casa del duque de Villahermosa.

Abundando los abusos que venían cometiendo, no sólo por los señores territoriales prevaliéndose de su superior situación social y cultural, sino también por sus arrendadores y procuradores en contra de los derechos que de los privilegios ya mentados se desprenden de la carta puebla y por otros que, hecho dueño del estado D. Juan Alfonso de Jérica por donación del rey Pedro de Aragón, echó del mismo a los moros por sus crímenes, excesos y maldades, estableciendo en su lugar a 100 pobladores y sus sucesores por todos los tiempos en este lugar y alquerías de Benagéber, con todos los bienes y derechos que constan en dicha carta de población, que recibió García Martínez del Castellar el 13 de febrero de 1.369, carta de población que por mandato del rey Don Pedro de Aragón de 23 de abril de 1.370 ya mencionada y después fue reiterada siendo usufructuaria del estado como tutora y curadora de su hija Beatriz de Jérica Dª. Buenaventura de Arborea, viuda del noble Pedro de Jérica, y que autorizó el notario D. Francisco de Casares el 13 de mayo de 1.370 y por la que en la misma figuran establecidos para sí y sus sucesores, se les dan casas y caseríos, heredades, viñas, huertas y tierras aradas y por arar, plantadas y por plantar, en regadío y secano, con todas las hierbas para sus ganados, los montes, las maderas, la caza, las aguas y pesqueras del río de dicho lugar y sus términos francas y para sus usos propios, carta de población que tiene la consideración de contrato oneroso con fuerza de cumplir por arrancar del mismo derechos y obligaciones fundamentales, además que se otorgó con la expresa condición de contribuir los pobladores, con ciertas rentas y otras obligaciones, habiéndose hecho por parte de los primitivos señores de la villa de Tuéjar donación del término y tierras, hierbas y demás expresadas, y contenido en aquellas para dote de la población y alimento de sus vasallos vecinos de la misma, que empezaron a poblarla, y sus sucesores debido como cosa propia y dueños, usar y aprovechar de todo ello según les pareciese y fuese más conveniente por consideración absoluta y calificación de ser propia del común de vecinos. Ello no obstante las circunstancias y sometimiento de estos pobladores (fáciles de comprender en aquellos tiempos) en relación con sus señores territoriales impidió el disfrute de todos sus derechos, y bien por la evolución de la vida en el transcurso del tiempo y necesidades perentorias, hubo de accederse principalmente a la riqueza ganadera, base principal de la economía del pueblo; se señaló en diferentes apeos o redondas entre los que figuran especialmente y según las necesidades del momento el que empezando; desde el carril de las Roturas hasta las peñas que hay a la vista de la cañada Nieva con ensanche en distintas ocasiones, entre otras el llevado a efecto por resolución capitular de 7 de noviembre de 1.688, que partiendo de la casa del Plano de las Salinas, siguiendo la vereda hasta el paso de Benagéber de allí al camino de Chelva a la Cruz del Carrillo o Chorros, siguiendo por el alto del cerro de la Fuente y el cerrito del Rey a los puntales de Andariel bajando por la peña de Heández a la cruz del primer paso del río, y desde allí siguiendo la mojonera de Gamonar y mojonera del Gualar de la Sazadilla y el camino Real abajo a la fuente del Vado de Moya y al atajo confrontando con el Gualar de Benagéber, hasta llegar a dicha casa del Plano de las Salinas por donde empezó; resolución capitular que constaba en los libros antiguos del municipio.

Así fueron desenvolviéndose en este orden sin protestar ni reclamaciones hasta que por nuevas necesidades, por aumento de la población, según acuerdo municipal de 12 de febrero de 1.746 y con trámite legal y necesario, se llevó a efecto nuevo apeo o ensanche del Gualar o Redonda, señalándose al efecto los días 15 y 16 de dicho mes para realizarlo y el 17 se hizo público en la forma acostumbrada, señalando éste desde el tiro de la Piedra siguiendo la ceja al pino del mojón, siguiendo desde allí a la casa de Vicente Pérez en el alto de la Talayuela, siguiendo la ceja hacia la Hoya del Campo de Tuéjar y de allí en línea recta al barranco Canales y continuando la mojonera del término por la Hoya Honda, de allí a la fuente Caliente y por la masía de Azagra, siguiendo el puntal arriba a la mojonera de Bercolón a lo alto del cerro de la Campana, de allí atravesando el barranco Fuerte a la peña de la Carrasquilla, guiando vía recta aguas vertientes de la Olmedilla y de la loma de las Grajas, siguiendo hasta la mojonera de los Terreros en vista a la Olmedilla y de allí al alto del Tollo y a la vista de la casa del Collado, siguiendo la ceja del Canjirón y del Tollo por el estrecho, vía recta a la senda que viene de las Blancas por el lado del cerro de la Cueva, siguiendo la otra senda hasta la vista de la Hoya Hermosa por donde divide el término de Sinarcas con el de Tuéjar hasta llegar al Gualar de Benagéber, siguiendo por donde divide el término de Benagéber con Tuéjar hasta llegar al término de Chelva, cuyos mojones divisorios sirvieron también por deslinde de la ampliación de dicho Gualar.

Así efectuado nadie lo impugnó, hasta que el 21 de junio del año referido 1.746, Pedro Gabarda, arrendador, y con motivo de una monta que se había ejecutado en el ganado de Antonio Pérez a cargo de José Cañete su mayoral, formuló protesta que le fue denegada interponiendo el correspondiente recurso de alzada, admitiéndose la apelación en ambos efectos judicialmente y por auto de vista de 12 de diciembre del referido año, se declaró haber lugar a recurso admitiendo la apelación, haciéndolo saber al señor territorial, el duque de Lecera, que se mostró parte al referido Gabarda y al procurador síndico del pueblo D. Martín Gimeno en nombre de la Justicia, Consejo y regimiento del mismo, continuando el disfrute y posesión de estos productos hasta el presente, puesto que en alguna ocasión entraron a pasturar ganados forasteros, pero lo fue mediante convenio y autorización del Ayuntamiento en representación de la municipalidad sin cesión del derecho de propiedad como a las generaciones presentes les consta, pudiendo citar como prueba los convenios habidos con el colindante de Titaguas últimamente llevados a efecto, entre otros, en los años 1.916, 1.921 y 1.941.

Y esto con ser interesante no parece tanto como lo acaecido con motivo de la tramitación de la apelación instada por Pedro Gabarda últimamente mencionado, en la que una de las partes, el duque de Lecera, señor de la villa, que con ocasión de la defensa de su interés en el asunto de dicha apelación introduce la petición de que se le mantenga en la posesión privativa de lo que se titula dehesas de Bercolón, campo de las Herrerías, campo Cerrado, Olmedilla y Gamonar con entradas y salidas de los Montes Blancos, petición que fue impugnada por la representación del pueblo por no afectar al asunto que se le instaba ni reconocérsele el derecho de propiedad de las mismas.

Resulta, pues, que de las cinco dehesas cuyo reconocimiento solicita, dos quedó aclarado estaban en el término de Sinarcas. Gamonar y Olmedilla son menos importantes por disfrutarlas el pueblo ininterrumpidamente. Pero lo que sí se estima de suma importancia y máximo interés es Bercolón, pues de un rento que en aquel entonces constaba con una casa con 200 caizadas de labor, dos corrales o teñadas y un pajar, actualmente tiene agregados una gran extensión de terreno monte de gran valor económico.

Como no solamente en este sector pueden haberse agregado grandes extensiones de terreno, principalmente monte, sus traídas del patrimonio municipal, y que es cosa sabida en la localidad existen otras también de igual modo, bien puede merecer la pena el que se averigüe por quién y cuándo se efectuaron las cesiones de estas extensiones del patrimonio local, precio dado por ellos y cuanto con la transmisión de dominio de las mismas pueda tener interés o relación.

Para la defensa de los derechos que se dimanen de la restitución de todo ello, no se considera pueda ser un obstáculo el transcurso de mucho tiempo por la prescripción por ello con los privilegios, donaciones y derechos de la carta puebla ya reseñados, aparte de resoluciones habidas que se deben conservar en los archivos oficiales, pueda interrumpirla si se invocara. Aparte existe la cesión de los derechos dominicales y otros a favor del pueblo en 1.865, mencionados, según convenio con el duque de Villahermosa.

También, y continuando en la exposición de derechos de común de vecinos, existe recurso de queja elevado al rey Don Carlos y tramitado por su Real Consejo con intervención del fiscal, por decreto que proveyeron en 17 de mayo de 1.755 contra el proceder de los alcaldes mayores de Chelva, como cabeza de partido; primero, D. Tomás Boigues, y después, D. Jaime de Covadeyios, que lo reemplazó, en funciones de subdelegado de montes, por la cesión abusiva de licencia a vecinos y forasteros para la corta de maderas cuadradas y redondas, por lo que el monte quedó talado, incluso diferentes arboles que existían reservados para las necesidades de los vecinos, en las partidas del barranco de Canales y la Redonda, impidiendo al propio tiempo el desmonte y cultivo de las tierras, que por la fundación del lugar estaban designados para su privado y entero aprovechamiento. Y como el capítulo tercero de la Real Instrucción de Montes encarga a los justicias de los pueblos de seguir y sentenciar las causas que se siguieran, a los contraventores de los reales decretos y órdenes sobre infracciones de montes y plantíos, se declara a la vez la competencia del Justicia de Tuéjar, para conocer de todo ello, cuando la pena no exceda de 20 ducados, con el cese en sus funciones en estos montes de los alcaldes mayores de Chelva. Como caso de los abusos señalados con la ocasión de expedición de licencias para la extracción de productos forestales de estos montes por los señores alcaldes mayores antes mencionados, pueden citarse Antonio Herrero, vecino de Titaguas, para la corta de todo género de monte, rama de carrasca y madera.

Existen en archivos oficiales otros documentos con resoluciones que confirman los derechos de la villa, escritos en idiomas que hay que traducir y que por ello y el volumen de los mismos rebasan los límites de esta pequeña referencia, y que son más bien apropiados para un más completo estudio de la cuestión.

INCIDENTES

En 1.327, según Zurita. libro VI, capítulo 74, muerto Don Jaime de Jérica, su viuda, Dª. Beatriz de Lloria, apoderándose de todos sus estados por su dote durante su viudez y favorecida con el testamento de su marido, hizo oposición a su hijo Jaime, quien por la fuerza de las armas tomó los castillos de Chelva y Tuéjar por consejo y ayuda del infante D. Alonso, interesando del procurador general que tenía el gobierno del reino de Valencia, que ninguna petición de Dª. Beatriz se atendiera. Por ello, puso sobre las armas todo el reino, pretendiendo D. Jaime ir a la conquista de Jérica, de Eslida y demás lugares del estado, con un ejército que reunió con ayuda del infante D. Alonso, además de los vasallos de Chelva y Tuéjar.

En tiempos de Don Carlos V, con motivo del movimiento de las Germanías y solicitando el rey gentes de Valencia para las guerras que sostenían con otros reyes y otras cargas, pareciendo que los caballeros quedaban libres, para que las cargas fueran más equitativas se distribuyó el reparto por parroquias. La nobleza, faltando la lealtad que debía a su rey con pretextos distintos, se agermanaron y el vizcondado fué uno de los pocos que permaneció leal al rey.

Encontrábanse por entonces los de Alpuente y sus lugares con grandes pleitos con el vizconde atribuyéndole al mismo haberles usurpado parte de su término; valiéndose de las circunstancias se reunieron todos aquellos lugares en San Juan de la Yesa, con auto recibido por un tal Gilbert formaron la germanía e hicieron capitán a un tal Romeu, que luego se apoderó del castillo de Alpuente por la fuerza.

Escribieron los de Alpuente una carta al vizconde dándole 10 días de plazo para restituir las tierras que tenían usurpadas y en caso contrario en nombre del rey y de las Germanías se tomarían la justicia por su mano. Respondió el señor territorial que entendía no tener cosa que no fuese suya, máxime que esta pretensión se estaba averiguando por trámites de justicia en la Real Audiencia y allí se vería el derecho de cada parte.

Vista dicha contestación se pusieron én armas los de Alpuente, Aras, La Yesa y Titaguas y ayudados por los agermanados y bandera de Liria, con 350 hombres se personaron en el lugar de la contienda y asentaron mojones por los sitios que les pareció.

Para mayor pesar del vizconde convencieron a los de Tuéjar para que se agermanasen y volviesen contra su señor, y aunque hasta aquí venía tolerando, eso no lo pudo disimular; se personó en Tuéjar y prendió a un tal Tejedor que lo era de oficio, y que hacía cabeza entre los agermanados de esta villa, el 7 de agosto de 1.520 lo mandó ahorcar cabeza abajo como revolvedor de sus estados, escapándose los demás compañeros; yendo por los montes fueron a guarecerse a Alpuente, en donde participaron lo sucedido, por lo que un tal Carlos Romeu, capitán de los agermanados de dicha villa, y un tal Montalbán, capitán de los de Tuéjar, bajaron a Valencia con grandes clamores a quejarse a los Trece de las Germanías.

Airados todos los agermanados, convocaron a todos los del Reino, formando un ejército cuya primera hazaña fué el ir a la plaza de Calatrava, a la casa del vizconde, y apoderándose de todos los papeles, títulos y privilegios de todos sus estados los quemaron en medio de la plaza. Al día siguiente un ejército de 2.000 infantes y banderas desplegadas y gran estruendo salieron para Chelva juntándoseles en el camino los de Liria, Alpuente, La Yesa, Titaguas, Aras y otros muchos más que reunieron unos 4.000 agermanados y sin poderlos disuadir las autoridades de Valencia, que enviaron tras ellos dos jurados. El gobernador de Valencia envió jueces, porteros, trompetas y verdugos para que en todos los caminos repasasen en los arrojamientos que emprendían, ya rogándoles; ya con propuestas distintas; pero nada bastó para atajar los pasos de lo que se proponían. Y así llegaron a Chelva y fué tanta la gente que se reunió y tan amotinados estaban que los que habían enviado desde la ciudad para atajarles hubieron de retirarse a la iglesia y aún les parecía que no estaban seguros; asaltaron y saquearon el castillo y la sala de la villa así como también muchas casas de las que consideraban más allegadas, cometiéndose toda clase de desórdenes pasaron a Tuéjar y quemaron la casa del vizconde y otras de sus vasallos más adictos, continuando los desórdenes y desde aquí marcharon a Domeño echando a tierra un fuerte y prodigioso castillo de homenaje.

Plantaron en las puertas del castillo de Chelva y de todos los castillos las armas del rey, entregando las llaves en nombre de S.M. a los que envió el gobernador, mediante acto público y de su autoridad en el nombre del rey las entregó a un tal Calderón, el 13 de agosto quedó todo libre y el 14 entraron en Valencia con ramos de olivo, en señal de victoria ganada, dando vueltas por todas las calles y dando voces.

Ya más apaciguados y viendo los más allegados y paniaguados del vizconde el cariz que tomaba esta cuestión se juntaron los más esforzados y lo trasladaron a la villa de Manzanera del mismo estado y allí permanecieron en su guarda y defensa hasta que por la acción del tiempo pasó el torbellino.

También el 13 de abril de 1.707, con ocasión de ir el verdugo a Chelva para ejecutar al Miguelete, sabedores los compañeros del reo de ello, les salieron al camino, pegándole tan gran paliza que quedó imposibilitado para realizar su cometido. Perseguidos con saña los agresores por las autoridades, el 23 de julio de dicho año fueron capturados en la rambla de Patraix (Valencia) siendo ejecutados 12 de ellos entre los que parece había algún complicado de Tuéjar.

En 1.479, reinando Don Fernando II, siendo el titular del vizcondado, y del valle de Manzanera D. Jaime de Pallás, vióse acometido por D. Giner de Urrea, vizconde de Viota, quien al frente de algunas tropas de a caballo entró por Chelva, apoderándose de la población y prendiendo a Jaime de Pallás y a su mujer la vizcondesa Dª. Cecilia de Ariño, a su hermano Baltasar y a su hijo Pedro y toda la familia, apoderándose igualmente de todos los castillos y lugares del vizcondado, fundado en que existía mayor derecho a su hijo Roger que se titulaba vizconde de Villanueva y señor de las villas y lugares de este vizcondado.

Noticiosos en Valencia del suceso salió el gobernador D. Luis de Cabanillas acompañado de Luis Ferrer su lugarteniente, agregándose las fuerzas del gobernador de Aragón Don Juan Feández de Heredia, enviado por el rey para proceder contra el conde de Viota y capitanes de sus huestes. El gobernador de Valencia se apoderó rápidamente del vizconde de la Viota dando libertad a los detenidos por éste.

Por esta época menudearon las querellas y pleitos contra las diferentes ramas de las familias de los señores territoriales, que discutían diferentes derechos sobre este estado, y eso unido a los movimientos subversivos que se han mencionado anteriormente, parece que debieron influir bastante en el ánimo y proceder de los humildes vasallos, quienes cambiando el clima en que se desenvolvían y a partir del siglo XVI se aprestaron a defender en forma, parte de sus derechos, en contra de los dominicales y otros invocados por los señores territoriales y otras personas al servicio de los mismos.

Revertido este estado a la Corona definitivamente el 20 de abril de 1.773 con reserva de determinados derechos dominicales a favor del señor territorial, abolidos los señoríos a principios del siglo XIX después, y diferentes cuestiones y pleitos surgidos entre los mismos familiares de diferentes ramas, que se habían considerado con derecho dentro del mismo; aparte los pueblos y señores territoriales a los que ya los humildes vasallos, de algún tiempo a esta parte, no les guardaban la pleitesía debida y se les rebelaban, resistiéndose al pago de determinados derechos dominicales, parece ser que continuas luchas habidas influyeron en el ambiente creado, y tanto los señores territoriales como los mismos pueblos, cansados de este estado de cosas, mostraron deseos de soluciones más o menos armoniosas, y por lo visto ya el 31 de diciembre de 1.827, entre los pueblos de este vizcondado y el duque de Villahermosa se llevó a efecto un pacto o concordia amigable, en el que entre otras cláusulas parece por parte del señor territorial ya citado, sostuvo bastante interés en recabar sus derechos sobre el sobrante de hierbas de las dehesas y montes después de pasturar los ganados de los vecinos, de acuerdo con las concesiones hechas en la carta puebla que se llevó a efecto en la instalación primitiva de las 60 familias de cristianos y otros, insistiendo una vez más y protestando de la usurpación de grandes extensiones de terrenos montes por particulares, o bien por concesiones o tolerancias de los ayuntamientos, ya por circunstancias desfavorables para los señores territoriales del vizcondado, ensanchando los límites de ciertos terrenos y encargando a las autoridades correspondientes cortaran o evitaran estos abusos.

Después mediaron varias propuestas para la cesión definitiva de los derechos dominicales de estos señores territoriales del vizcondado, haciendo el duque de Villahermosa, el 2 de agosto de 1.853, propuestas para dicha cesión; continuando entre los pueblos y el señor éstas, muy laboriosas cada parte desde el punto de vista de su interés, hasta que definitivamente, el 26 de enero de 1.865, se convino la cesión asignándose a cada pueblo la cantidad que había de pagar, para abono de los 340.000 reales señalados al efecto, correspondiendo a Tuéjar abonar 52.000 reales.

En estas cantidades figuraban los derechos de cena y percha que desde muchos años antes no los pagaban los pueblos, condonando varias cantidades a éstos.

Y con esos 52.000 reales se lleva a efecto el convenio y entra en posesión definitiva con plenitud de derechos la villa y en el disfrute de montes y demás del patrimonio municipal, si bien continúa sin resolver o aclararse, las supuestas usurpaciones de terreno monte, ya por muchos conocidos, aunque el Ayuntamiento en fecha ya reciente, parece que allá por el año 1.920, defendió el derecho del pueblo en contra de una pretendida usurpación de terreno monte y corte de pinos, por D. Mariano López (alias el cura Calzones), el que además de pagar fuerte multa, se le procesó y tuvo que sentarse en el banquillo de los acusados. Ello podía servir de ejemplo.







Fuente:GVA





 

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