Ermita

Entrando por la carretera de Valencia, al comienzo del casco urbano, lo primero que encontramos es la ermita dedicada a la Purísima Concepción, patrona del pueblo, donde recibe la veneración de todos los tuejanos, y por donde no pasará ninguno que deje de saludarla descubriéndose y por lo menos diciéndole: AVE MARIA.

Esta ermita tiene 253 metros cuadrados de superficie y no es de un estilo constructivo definido. Tiene la portada en arco y dos porches en los lados. El interior está compuesto por una nave de techo abovedado, sostenido por cuatro arcos de medio punto; del arranque de los arcos sale una cornisa que circunda toda la bóveda, hasta el coro alto. Tiene seis altares laterales, y el de la Patrona en el centro.

altarer.jpg (36255 bytes)La imagen de la Inmaculada Concepción, de tamaño casi natural, era de una belleza singular, tanto por sus justas proporciones como por su forma y actitud. La bola del mundo, sobre la que sentaba sus pies, estaba sostenida a su vez por un monstruoso dragón, que revolvía airado la cabeza con las fauces abiertas hacia el hermoso rostro de la Virgen, en una actitud de infernal impotencia.

Se ignora quién fue el artífice que realizó esta obra de arte, que por la actitud de sus manos nos recuerda a las pintadas por Murillo; también se ignora en que época se hizo, aunque se conocen algunas piadosas tradiciones que a la imagen se refieren: una dice que fue hecha por unos misteriosos peregrinos que llegaron al pueblo no se sabe de dónde y que, recogidos en una casa por caridad, se encerraron en un cuarto. La mañana siguiente, en la habitación donde ellos estuvieron apareció la imagen, y ellos desaparecieron con tanto misterio como habían llegado. Otra dice que durante la dominación de los árabes, los cristianos la escondieron en la cueva de Tudela, hasta que los sarracenos fueron expulsados, y milagrosamente dejó estampadas sus huellas en la roca, llamándose desde entonces Cueva de la Virgen.

Esta imagen, como tantas otras, fue quemada al principio de la guerra, pero afortunadamente existe una fiel reproducción de la misma, hecha con el tronco de un ciprés que había en el huerto llamado del Cura, por un artista al que se considera como hijo del pueblo, por serlo su esposa, llamado Benjamín Miró Juan. Costó 5.000 pesetas, y lleva la antigua corona de plata, que es lo único que pudo ser salvado de las llamas por un muchacho llamado Simón "El Tomate".

El altar mayor antiguo era un retablo de bastante mérito artístico, tallado en madera maciza y dorado; el artista que lo construyó se llamaba Domingo Cuevas.

Frente al altar mayor está el coro alto, al que se sube por siete escalones, y tenía una antigua sillería de madera y un antiquísimo facistol, que también desaparecieron, así como los antiguos libros del coro; también tiene una balaustrada de madera, construida en sustitución de la original, desaparecida.

Los altares laterales están dedicados, por este orden, el primero, a Santa Irene y Santa Engracia, pintura de 1.712; el segundo, Sagrada Familia, atribuido a Juan de Juanes; el tercero San Antonio de Padua, pintura de autor desconocido; el cuarto, San José, que a diferencia de los demás se encuentra en una capilla; el quinto San Juan de la Cruz, y el sexto, Santa Apolonia, pintura en lienzo, sin fechar.

Todas estas pinturas, algunas de ellas de mérito, y por las que se interesaron en su día algunos anticuarios, desaparecieron, y por desgracia no han sido recuperadas. Las que hoy les sustituyen tienen menos calidad artística.

azulejer.jpg (53110 bytes)El piso es de baldosas blancas y negras y todo el interior de la ermita está rodeado de un zócalo de azulejos antiguos, de gran mérito, con alegorías a la Virgen en sus diferentes advocaciones. Detrás del altar mayor está el camarín, que se construyó en el año 1.907 y fue costeado por un benemérito hijo del pueblo, llamado D. Ramón Romero Solaz, que también dirigió su construcción; contiguo al camarín está la sacristía, y a continuación la vivienda del ermitaño, con un hermoso jardín rodeado por una cerca de obra.

Las noticias más antiguas (escritas) que de la ermita se conocen datan de 1.595, según un documento en el que consta que siendo mayordomo Juan Darás dio las cuentas de cargo y descargo bajo juramento.

También se sabe que en el año 1.639, por orden del obispo de Segorbe, fue hecha la visita ordinaria por los canónigos doctores Marco Antonio Roure y Pablo Nicolás Francés, que dieron cuenta de su visita con estas lacónicas palabras: "Ermita de la Concepción. En la Villa de Tuexar hay una Ermita de la Concepción de Nuestra Señora: es un retablo de pintura antigua, con una imagen de bulto." (No se extienden mucho los doctores en la descripción, pero ya es algo).

Según estas noticias, tomadas documentalmente, este retablo habría desaparecido, o quisieron hacer otro mejor... Posteriormente Domingo Cuevas construyó el que sería destruido durante la guerra pasada. Algunos años después este mismo artista hizo el de San Diego de la iglesia parroquial. Como al hacer el nuevo retablo no se dice nada de la nueva imagen, cabe que la citada "de bulto" por los canónigos, en su informe, sería la que se quemó en la guerra.

No hay duda que la ermita y la devoción a la Inmaculada son las dos más viejas tradiciones del pueblo, basta leer parte del juramento que prestaba el "Justicia y Regimientos" de la Villa, al tomar posesión de sus cargos hace más de dos siglos, o sea, mucho antes de que fuese declarado dogma de fe el misterio de la Inmaculada Concepción:

"....También prometieron mirar y atender al servicio de Dios nuestro Señor, de S.M. que Dios guarde, y defender el misterio de la Purísima Concepción de la Virgen María, hasta perder la vida si fuese menester."

Esto consta en un acta que lleva la fecha de 26 de diciembre de 1.732, firmada por Juan Crespo, fiel de fechos.

OTRAS ERMITAS.

Si desde la ermita anterior nos dirigimos al pueblo por la calle San Juan, a la altura del lavadero público, nos encontraremos con una construcción realizada en lo que fue el enclave de una pequeña pero antigua e interesante ermita, dedicada a San Juan y Santa Lucía, y dada la devoción que a sus titulares se profesaba siempre fue muy visitada por sus devotos, celebrándose en ella con mucha frecuencia la santa misa, novenarios y otros cultos.

Esta ermita, como tantas otras, fue destrozada durante la guerra civil pero no deja de ser interesante su descripción:

Tenía, frente a la puerta, un altar con un tríptico en madera pintada y dorada de bastante mérito artístico, en el que figuraban San Juan, Santa Lucía y otra no determinada.

En los dos altares laterales estaban las imágenes del apóstol Santiago a la derecha, y a la izquierda la Virgen de Africa, pintadas en lienzos de algún mérito. Este tesoro artístico e histórico desapareció.

Esta ermita parece ser que fue de propiedad particular, o por lo menos, una familia tenía ciertos derechos y obligaciones. Entre los primeros, el de enterramiento dentro de ella, (esto se confirmó cuando al realizar trabajos de saneamiento del solar, aparecieron restos humanos); entre las obligaciones, la de su limpieza y guarda de la llave, encender las luces en las funciones religiosas, así como su conservación y otras menores.

En la otra parte del pueblo, en un cerro que lo domina, había otra antiquísima ermita dedicada a San Cristóbal, con sacristía y vivienda para el ermitaño, pero en las frecuentes guerras carlistas del pasado siglo, por la posición dominante sobre el pueblo y sobre los caminos a los pueblos vecinos y aprovechando la solidez de su construcción, fue fortificada por los carlistas y la imagen del santo trasladada a la iglesia.

Después, por causa de las frecuentes epidemias que azotaron al pueblo, se utilizó como hospital-lazareto para los enfermos contagiosos y luego se abandonó, por lo que hoy está completamente arruinada, no quedando más que las paredes, los tres arcos románicos que sostenían el techo y la portada también de arco y con grandes sillares.

Desde tiempo inmemorial el día 3 de mayo, festividad de la Santa Cruz, sale de la iglesia parroquial una procesión con el Lignum Crucis y, recitando las letanías mayores, llega hasta las proximidades de esta ermita, desde donde se divisa casi todo el término, y el sacerdote después de recitar las oraciones del caso imparte la bendición sobre los cuatro puntos cardinales, y así queda realizada la piadosa ceremonia de la bendición de los campos.

También había otra ermita dedicada a San Isidro Labrador, en la masía de los Felipes, pero al ser inundada por las aguas del embalse de Benagéber, los masaderos con la ayuda del municipio, la trasladaron a la masía de la Olmedilla y allí es donde se celebraba la fiesta del santo (hasta los años 50), con misa, sermón y procesión, a la que asistían vecinos del pueblo y de los otros cercanos. Después de los actos religiosos, los asistentes se divertían hasta el atardecer, en que regresaban a sus casas, después de haber pasado un feliz día de romería con familiares y amigos.

Esta romería, antes tan típica y con tanto sabor serrano, ha perdido todo su atractivo de fiesta popular y sencilla que tenía antes.







Fuente:GVA





 

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